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El otoño en Pole Mountain

Corresponsabilidad
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por Corby Hines

​El domingo pasado, la primera lluvia de la temporada coincidió con una excursión pública de Sonoma Land Trust a Pole Mountain. Aunque solo fue un chaparrón ligero, fue maravilloso estar al aire libre bajo la lluvia y oler el aroma de la tierra mojada. La lluvia amainó justo cuando empezábamos y el sol brillaba con fuerza a través de las hojas relucientes.
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El otoño es mi estación favorita. Me encanta el aire fresco y los colores que van cambiando, las aves migratorias y cómo se llenan de nuevo nuestros arroyos y ríos. Casi se puede sentir cómo los árboles y la hierba dan un suspiro de alivio cuando llega esa primera gran tormenta que pone fin a la estación seca. Me encanta el calor del verano cuando llega, pero me gusta aún más cuando se va. Y, sobre todo, me encanta la gran verdad que nos recuerda el cambio de estaciones.
Cuando pasamos tiempo en la naturaleza, casi todo nos recuerda que lo único constante es el cambio. Estos cambios se reflejan en la infinidad de ciclos que vemos a nuestro alrededor. Por ejemplo, la materia no se desperdicia, sino que simplemente cambia de forma y se vuelve a utilizar. El árbol que se cae se convierte en una fuente de energía para los hongos, que descomponen la madera y la transforman en tierra para que puedan crecer más árboles, reciclando así esa materia de forma perpetua.
Desde la cima de Pole Mountain, el punto más alto de la costa de Sonoma, contemplamos el inmenso océano Pacífico, donde el agua hace una larga parada en su ciclo, pasa por distintos estados físicos, recorre el mundo y atraviesa eones de tiempo. Los científicos dicen que una molécula de agua permanece una media de 3.000 años en el océano antes de evaporarse a la atmósfera. Quizá acabe cayendo en forma de lluvia en Cazadero, uno de los lugares más lluviosos de California, y luego se filtre en el suelo, o fluya por el arroyo Austin Creek y complete su ciclo de vuelta al mar, cruzándose con salmones que van en dirección contraria y que están completando su propio ciclo.
A medida que el sol se iba poniendo, llegó el momento de volver al inicio del sendero. Echamos un último vistazo a la costa de Sonoma y a todos esos espacios abiertos que protegen quienes se preocupan por ellos. Caminamos entre las hojas que caían y los hongos que brotaban. El cambio es inevitable, pero poco a poco nos estamos dando cuenta del enorme papel que nuestra especie ha tenido a la hora de influir en ese cambio. Volvimos a casa para compartir nuestro aprecio por los ciclos de la naturaleza, para que la próxima generación pueda continuar con nuestro legado local de respeto por el mundo natural.
Corby Hines es el guía de excursiones de Sonoma Land Trust.